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Red Internacional

Entrevista. Arrancó la campaña de Lula y Bolsonaro: ¿adónde va Brasil?

Se reconfiguran las alianzas políticas en un escenario polarizado. Diana Assunção y Danilo Paris, dirigentes del MRT y editores de Esquerda Diario, nos aclaran el panorama.

Viernes 19 de agosto | Edición del día

Se acercan las elecciones generales en Brasil. El próximo 2 de octubre, la población deberá elegir presidente y vicepresidente, además de 27 de los 81 escaños del Senado Federal y los 513 diputados y diputadas que compondrán la nueva cámara baja. Formalmente, la campaña electoral empezó este martes, pero en los hechos empezó hace días. El jueves anterior, 11 de agosto, se había realizado un acto en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo en el que se leyeron dos “cartas” o “manifiestos’’ que habían estado circulando previamente por redes y despachos, reuniendo adhesiones de personalidades políticas, jurídicas, sindicales, patronales, artísticas y académicas. Estas proclamas de contenido pretensamente democrático, catalizaron el amplio espectro antibolsonarista que va desde las cámaras patronales -que le van soltando la mano al actual presidente- hasta los sindicatos, desde la derecha tradicional hasta el PT e incluso sectores de la izquierda. Estos realineamientos reconfiguran las relaciones de poder y le dan nuevos contornos a los pronósticos sobre la situación política, económica y social del próximo período. Para entender un poco más este panorama, entrevistamos a Diana Assunção y Danilo Paris, dirigentes del Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT), grupo que impulsa Esquerda Diário en Brasil.

LID: ¿Qué significado tiene el acto del 11 de agosto en el panorama pre electoral brasileño?

DP: El 11 de agosto fue una fecha fundamental. En primer lugar, fue un importante posicionamiento de las principales federaciones del capital industrial y financiero en la arena política, en particular de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) y la Federación Brasileña de Bancos (Febraban). Presentada junto con este “manifiesto de la Fiesp”, la otra carta impulsada por la propia Facultad de Derecho tenía un contenido parecido y atrajo firmas de un amplio arco de sectores, desde empresarios, banqueros y reaccionarios representantes políticos como Michel Temer -el vice de Dilma que encabezó el primer gobierno del régimen golpista- hasta Lula da Silva, centrales sindicales, el PSOL -principal partido de izquierda en Brasil- y presidenciables del Partido Comunista Brasileño y de la Unidad Popular.
Los principales medios de comunicación saludaron la jornada como un gran hecho de conciliación nacional en defensa de la democracia. Según algunos editoriales y el exministro de Justicia (de Fernando Henrique Cardoso) que leyó el manifiesto de la Fiesp, habría sido la fecha en que “capital y trabajo” estaban del mismo lado. En fin, se había conformado un frente amplio, cuya representación política es la fórmula presidencial Lula-Alckmin, aunque no se lo haya dicho explícitamente.

LID: Pero la Fiesp fue una de las grandes protagonistas de las manifestaciones de la derecha que acompañaron el golpe institucional que destituyó a Dilma Rousseff en 2016, ¿no es contradictorio eso con su ubicación actual?

DP: Estas cámaras patronales y financieras impulsaron el “Manifiesto en defensa de la democracia y la justicia” delimitándose claramente con la forma de gobierno de Bolsonaro, pero están en total acuerdo con la política de ajustes ultraliberales que viene aplicando el Gobierno.
Lejos de la propaganda, los sectores que allí estuvieron representados están muy lejos de cualquier aprecio democrático. Varios de ellos fueron responsables por el golpe institucional de 2016, que abrió las puertas a que Bolsonaro llegara al poder, incluso apoyando su candidatura en 2018 luego de que naufragara el plan inicial de la burguesía, que era el compañero de fórmula de Lula, Geraldo Alckmin, en ese entonces líder del neoliberal PSDB.
Incluso el Poder Judicial, el nuevo presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Alexandre de Moraes, asumió con la presencia de Bolsonaro, Temer, Lula, Dilma, [el expresidente José] Sarney, además de muchos gobernadores y figuras del régimen.

LID: ¿Cuál es el objetivo de fondo de esta movida antibolsonarista?

DP: La imagen que deja el 11 de agosto es un nuevo pacto del régimen político tras la fractura del golpe de 2016 y cuatro años de Bolsonaro en el gobierno. Le impusieron una correlación desfavorable con el objetivo de relegitimar el desacreditado régimen, sin cambiar las reformas y privatizaciones antipopulares que lograron en todos estos años que siguieron al golpe.
Lo que vimos fue una manifestación para lavarle la cara a todos los responsables de que Brasil se encuentre en la actual situación. El Supremo Tribunal Federal, la Fiesp, la Febraban, los empresarios, Michel Temer y una serie de otros sectores, buscaron construir una jornada de “manifestaciones”, primero con el objetivo de evitar que la insatisfacción contra Bolsonaro se manifieste de forma independiente y se vuelva en contra de las reformas, segundo para relegitimar a esos actores económicos y del régimen político luego de tantos años de ataques y golpes contra las condiciones de vida de la población trabajadora y pobre. Para eso contaron con el apoyo del PT y de la CUT. Partidos de la izquierda como el PSOL, el PCB y la UP dicen estar en contra de las reformas pero participaron de las manifestaciones e incluso figuras presidenciables del PCB y la UP firmaron la Carta impulsada por la Facultad de Derecho de la USP. El PSTU, que correctamente no firmó las cartas, también fue a las manifestaciones sin ninguna delimitación de clase, así como la central sindical que dirige, la CSP-Conlutas junto con la Intersindical, diluyéndose ante una jornada marcadamente patronal, en defensa de una democracia vacía, que solo sirve para preservar las reformas y ataques.

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LID: Se acerca el 7 de septiembre, Día de la Independencia de Brasil, se espera que Bolsonaro utilice esa fecha para convocar a una de sus manifestaciones “patrióticas”. ¿Qué busca Bolsonaro y cómo se ubica la oposición frente a esta política de retomar las calles de la ultra derecha?

DA: A Bolsonaro le sirve convocar a su base en esas acciones para mantenerla cohesionada y mantener vivo su proyecto reaccionario, aunque pierda las elecciones. Necesita reafirmar su proyecto y sus amenazas golpistas, junto con sus aliados en las fuerzas militares.
Frente a esto hace falta un verdadero plan de luchas, para callar a Bolsonaro y a los militares y revertir todas las medidas antiobreras y antipopulares que vienen avanzando incluso desde antes del golpe, pero que con el golpe pegaron un salto. Repudiamos los movimientos reaccionarios de Bolsonaro y del gobierno para el 7S, junto con militares de alto grado que reciben incontables privilegios, como salarios de más de 100.000 reales (cerca de 19.000 dólares) en un país donde se pasa hambre.
El tema es que no alcanza con espectáculos de campaña y actos electorales para frenar a la extrema derecha. El PT no convocó ni siquiera a un acto para esa fecha diciendo que hay que “evitar cualquier confrontación”, y está convocando para el 10 de septiembre una manifestación rutinaria, dominguera. Incluso organizaciones como Unidad Popular, el PCB o el MES-PSOL, que pretenden llamar a movilizar el 7S, no parten de exigirle a las centrales sindicales un plan de lucha real, reduciendo la discusión a un debate de fechas, para hacer otra manifestación testimonial como la que se expresó el 11 de agosto.
Las compañeras y compañeros del Movimiento Revolucionario de Trabajadores creemos que hay que exigir a las direcciones mayoritarias un verdadero plan de lucha contra la ultraderecha, y para eso necesitamos organizarnos desde las bases. Nuestra organización es parte del Polo Socialista Revolucionario, una instancia que compartimos con el PSTU y otros grupos, desde donde buscamos construir una alternativa política independiente de las variantes patronales. Allí y también en la CSP-Conlutas, venimos impulsando este contenido, llamando a otras organizaciones a sumarse a esta perspectiva de construir la lucha que necesitamos en cada lugar de trabajo y estudio.

LID: La fórmula presidencial Lula-Alckmin se encumbra luego de este 11A. ¿Qué pueden esperar la clase trabajadora y los sectores populares de un gobierno de Lula da Silva secundado por un neoliberal como Alckmin, apoyado por golpistas de la primera hora?

DA: Sin duda bastante poco. El gobierno de Lula y Alckmin va a mantener esta alianza que se conformó el 11A. Junto a la gran burguesía brasileña no se van a revertir las privatizaciones, reformas como la laboral, que ayudaron a aumentar las ganancias de la gran patronal. Como condición para que se conforme esta unidad se excluyeron las demandas más sentidas de la población, dejando de lado la situación de hambre, desempleo y miseria que afecta a la mayor parte de la población pobre y trabajadora. Es una elección política consciente, a fin de cuentas ni Fiesp, ni Febraban, ni los incontables representantes de la burguesía se embarcarían en un proyecto con ese contenido. No escuchamos ni una palabra sobre las reformas y privatizaciones, que son las verdaderas responsables de la deteriorada situación de las masas. Esto no nos puede sorprender, recordemos que desde la Fiesp habían sugerido que los trabajadores no necesitaban “hora de almuerzo”, que podrían “comerse un sándwich con la mano izquierda y operar la máquina con la derecha”. Ahora piden que respetemos los ajustes y la mayor flexibilización de los derechos laborales con el mismo tono que el ministro de Economía de Bolsonaro, Paulo Guedes.
Por eso quieren una elección alejada de cualquier “turbulencia” en la lucha de clases. Se están preparando para gobernar en alianza con parte importante de los sectores que llevaron a Bolsonaro al poder. Esto va a tener consecuencias nefastas para los trabajadores y el pueblo pobre, mismo en un eventual gobierno de Lula.
También buscan apaciguar al movimiento estudiantil y la fuerza social que pueden representar los estudiantes. Escuchamos en sus discursos en la USP que hay que aceptar un gobierno “difícil”, donde “el cambio va a ser lento, porque primero hay que recuperar la economía y los fondos públicos”, es decir, habrá que hacer “sacrificios” mientras esperamos los “cambios que queremos”. El mensaje de Lula y Alckmin es que van a gobernar para la burguesía, manteniendo la obra económica del golpe institucional.

LID: Nos comentaste que son parte del Polo Socialista Revolucionario junto a otras fuerzas, y que vienen impulsando la organización desde las bases para exigir un plan de lucha a las dirigencias sindicales mayoritarias. ¿Cómo están interviniendo en el tablero electoral frente a este difícil desafío que es el frente único antibolsonarista?

DA: Lo primero que hay que decir es que desde el MRT no apoyamos esta operación burguesa y patronal y no participamos de la jornada del 11A. Hay que tener en cuenta además que, aunque sea derrotado en las urnas, el bolsonarismo va a seguir existiendo como fuerza política reaccionaria. Nosotros venimos alertando de que la unidad con la gran burguesía brasileña no solo es incapaz de amenazar el proyecto bolsonarista, sino que desarma la lucha contra las amenazas golpistas de Bolsonaro.
Nos están vendiendo como aliados a quienes fueron nuestros verdugos en los últimos años. Afuera quedó la clase trabajadora y toda la población pobre que sufre con las consecuencias de la crisis. El resultado viene siendo manifestaciones con fuerte repercusión mediática pero mucho más baja participación. Una vez más se demuestra que la “unidad lo más amplia posible” contra Bolsonaro, incorporando a burgueses y golpistas, no aumenta la fuerza de la movilización en las calles, al contrario. Esto ya había quedado en evidencia en las manifestaciones de “Fuera Bolsonaro” del año pasado.
En segundo lugar, y a contramano de esta verdadera operación para desarmar la lucha de los trabajadores, jóvenes, mujeres, negros, indígenas y la comundad sexodiversa, creemos que la tarea clave es construir un polo político independiente de los distintos sectores burgueses. Con esa perspectiva somos parte del Polo Socialista Revolucionario y estamos presentando candidaturas del MRT en sus listas, puestas a disposición por el PSTU, que tiene legalidad electoral. Nuestras candidaturas para diputados en San Pablo, Minas Gerais, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul están al servicio de esta perspectiva, combatir la ilusión petista de intentar conciliar los intereses de los trabajadores y sectores populares con la gran burguesía, construir la lucha desde las bases. Estamos en la primera línea de la lucha contra el bolsonarismo, pero ligándola a la lucha contra todos los ataques, reformas y privatizaciones. Creemos que esta política puede permitir poner en pie una fuerza social que revierta el conjunto de los ataques de los últimos años. Con esa perspectiva, apoyamos la fórmula presidencial del PSR representada por Vera Lucia del PSTU y por la dirigente indígena Raquel Tremembé. Desde ya que dentro del Polo tenemos múltiples debates, que hacemos pública y fraternalmente y que enriquecen nuestra intervención común.

LID: Cuáles son los principales puntos de la campaña que están llevando adelante?

DA: Los puntos jerárquicos de nuestra campaña son la revocación de todas las privatizaciones y reformas, empezando por la reforma laboral, aboliendo cualquier tipo de flexibilización y luchando por plenos derechos laborales, ligado a la construcción de una gran batalla por la reducción de la jornada laboral, sin reducción de salarios, con 30 horas semanales para enfrentar la precarización y el desempleo, en la perspectiva del reparto de las horas de trabajo entre empleados y desempleados y de su unificación. Trabajo digno para todos. Basta de naturalización de la precarización del trabajo, debemos atacar el fundamento de las ganancias capitalistas. Enfrentar a Bolsonaro, los militares y todo el régimen político degradado de la burguesía tiene que ser hecho en la lucha de clases. Debemos unir fuerzas para exigir a las direcciones mayoritarias del movimiento de masas, en primer lugar a la CUT y CTB, que son las principales centrales sindicales del país, y a la UNE, que es la principal organización estudiantil, que impulsen un verdadero plan de lucha contra Bolsonaro y sus amenazas golpistas, y por la revocación de todas las contrarreformas y ataques.

LID: Hablando de las amenazas golpistas de Bolsonaro, si bien Uds. han planteado que no hay plafón para eso -la movida “democrática” de las cartas va en ese sentido- lo cierto es que el régimen político brasileño tiene características muy autoritarias, como se vio en la proscripción de Lula cuando ganó Bolsonaro o ahora con el protagonismo que tienen los militares en el gobierno. ¿Qué plantean Uds. en el marco de este nuevo pacto de retórica democrática con golpistas de todo tipo encabezados por el PT?

DA: Políticamente estamos en la primera línea del enfrentamiento a todas las medidas bonapartistas de este régimen podrido, donde jueces que no fueron elegidos por nadie siguen definiendo la política, y los militares que fueron destacados por el gobierno de Bolsonaro ocupan lugares muy importantes. Eso le da al régimen un carácter sumamente autoritario. Por eso creemos que hay que abolir todos los privilegios de los magistrados y de los tribunales superiores, que todo juez tiene que ser elegido y revocable, con juicios por jurado, además de la abolición de todos los privilegios financieros y políticos de los militares con la revocación de la Ley de Amnistía para castigar a todos los responsables por los crímenes de la dictadura militar. Estas medidas tienen que ser parte del programa de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que ponga en cuestión todo el régimen político heredero del golpe institucional y la estructura económica centrada en las ganancias de los capitalistas, y cuyas decisiones no puedan ser suspendidas o vetadas por ninguna institución del régimen. Para imponer una Asamblea Constituyente de estas características es necesaria la más amplia autoorganización de los trabajadores y sus aliados, en el camino de un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo. Esta perspectiva también queremos poner sobre la mesa en estas elecciones.


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