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La huelga de las seis semanas que impuso las ocho horas en Zaragoza en 1934

Jorge Remacha

La huelga de las seis semanas que impuso las ocho horas en Zaragoza en 1934

Jorge Remacha

Ideas de Izquierda

La jornada de ocho horas se ganó en Zaragoza tras 36 días de huelga en abril y mayo de 1934. Una de las victorias obreras más profundas y desconocidas de los años 30 para pensar como pelear hoy por reducir la jornada sin bajar el salario.

El 5 de abril de 1934 algo en Zaragoza había cambiado. Ese día comenzó una huelga general de 36 días que impuso la jornada de 8 horas. Las ocho horas se habían conquistado en 1919 tras la huelga de 44 días de la Canadiense, pero esto no se cumplía desde la dictadura de Primo de Rivera. Por otra parte, no sólo se pedía bajar las horas sin bajar el salario, sino también la liberación y readmisión de cientos de personas presas y despedidas tras el intento de insurrección que dirigió la CNT en la ciudad unos meses antes.

Los precedentes

Entre el 8 al 15 de diciembre, Zaragoza fue el epicentro de una insurrección contra el nuevo gobierno apoyado por la CEDA, una coalición de derecha que simpatizaba con el fascismo en auge.

La ciudad fue declarada en Estado de Guerra y tras una semana de combates la represión dejó 75 obreros muertos, 101 heridos y más de 500 presos, incluido el Comité Revolucionario. El gobierno republicano-socialista anterior ya había cometido masacres obreras en Arnedo o Casas Viejas, mientras la UGT mantenía su seguidismo al Partido Socialista, que había entrado al gobierno. La estrategia predominante de la CNT en esa etapa consistía en combinar las luchas estrictamente sindicales con intentos de insurrección como éste, aislados y sin un proyecto de toma del poder, que acabarían en derrotas. Este sindicato, de tendencias anarcosindicalistas, rozaba entonces el millón de afiliados, teniendo su segundo mayor bastión en Zaragoza.

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La Segunda República había llegado entre grandes ilusiones sociales y un compromiso con un proyector “modernizador” de la burguesía. Acabar con las leyes antiobreras de la dictadura, mejorar los salarios, combatir el desempleo y la crisis de la vivienda, repartir la tierra en la reforma agraria... Al no cumplir estas demandas, tendía a perder parte de su propia base social y sectores obreros y campesinos tendían a la acción directa.

Detención de la Guardia de Asalto en la calle Albareda, Zaragoza, diciembre de 1933

Comienza la huelga

En Zaragoza, tras la insurrección de diciembre, la patronal decidió despedir a cientos de trabajadores y trabajadoras de sindicatos. Para pedir su readmisión y salida de la cárcel, una nueva huelga sería organizada por la CNT y la UGT, pidiendo además la implantación de las 8 horas. Esta huelga arrancó en abril de 1934 con un paro del transporte contra la represión sindical que paralizó la ciudad e inició un efecto dominó a más sectores, dando lugar a una situación de huelga general.

Durante los días que se impuso la huelga, la clase trabajadora organizada no sólo debía encargarse de hacerla efectiva, también tuvieron que defenderse de las detenciones y ataques de los pistoleros de la patronal y la policía, que el 4 de mayo asesinó al joven Julio Laviñeta, cuyo entierro reunió a miles de personas en rechazo.

Resistir 36 días de huelga general y represión no fue una tarea sencilla. El peso logístico de la huelga recayó sobre las mujeres organizadoras. Por una parte, aprovecharían los prejuicios que asignaban a las mujeres un rol “pasivo” y “obediente” para transportar armas, líquidos inflamables y propaganda en cestas y carros, siendo menos identificadas.

Especialmente las dependientas del Sindicato del Vestir, dirigidas por María Castanera se destacaron a la hora de traspasar los roles impuestos a la mujer. Si el trabajo en el hogar seguía sosteniendo invisible la huelga, las mujeres no podrían estar en huelga como los varones, así que también ellas organizaron el envío de niñas y niños a otras ciudades, para que familias solidarias los cuidaran durante la huelga.

La huelga acabó el 10 de mayo con un compromiso de readmisión sin represalias y la jornada de 8 horas. Esta conquista duraría hasta el estallido de la Guerra Civil y la Revolución española.

Así, por una parte, vemos que la única forma de que los derechos conquistados no se vean amenazados en el futuro es expropiando a los capitalistas y que la clase obrera decida cómo organizar la producción. Por otra parte, que la reacción a la lucha de clases no se haría esperar.

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El propio informe del comité de huelga cerraba diciendo: “Quieren meternos en una noche tenebrosa de represión cruel, fratricida. De nuestra unidad depende iluminarla con resplandores y luces de libertad para impedir que llegue”. Los rumores de un giro fascista o posible golpe de estado reaccionario no cesaban, mientras la lucha de clase se agudizaba en múltiples formas.

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Piquete frente a la estación de Camino real, Zaragoza, abril de 1934

La Alianza Obrera

La idea de sacar a niñas y niños de Zaragoza fue propuesta por los delegados de Izquierda Comunista en la Alianza Obrera, un intento de frente único por la revolución. Tal y como cuenta el fundador de la Sección Bolchevique-Leninista Grandizo Munis:

“propusieron el donativo de un día de jornal a los obreros de todas las organizaciones representadas para el fondo de resistencia de los huelguistas de Zaragoza, y alojar en otras ciudades a los hijos de los huelguistas.

El movimiento de solidaridad fue un éxito en dos aspectos: de apoyo y político. Cada tren de niños de Zaragoza que llegaba a Madrid, Valencia o Barcelona era objeto de una manifestación política de grandes dimensiones. A los pocos días faltaban niños en Zaragoza. La impresión que esta solidaridad causó fue vital para la victoria de los huelguistas.

Ambas proposiciones fueron aceptadas por la Alianza Obrera, pero el Partido Socialista y la UGT las presentaba como una decisión e iniciativa propia. El papel de la Alianza Obrera era anulado. Si el movimiento de solidaridad hubiera sido patrocinado y dirigido por la Alianza Obrera, difícilmente los dirigentes anarquistas de la CNT habrían podido justificar su negativa a ingresar en la Alianza Obrera.”

El frente único que suponía la Alianza Obrera era doblemente boicoteado desde el PSOE-UGT y desde la CNT en este tipo de situaciones ya desde principios de 1934. El único lugar donde una política revolucionaria fue aceptada en la Alianza Obrera por ambas centrales sindicales fue en Asturias en octubre de ese año.

Así, del 5 al 16 de octubre el proletariado asturiano puso en pie la Comuna de Asturias, un verdadero gobierno de doble poder obrero. La derrota de la Revolución de Asturias fue posible porque este foco revolucionario quedó aislado y el Estado republicano concentró allí sus fuerzas represivas, dejando más de 2.500 muertos y casi 30.000 presos. Tanto la victoria en la huelga de Zaragoza como el sangriento aplastamiento de la revolución de Asturias el mismo año, muestran la importancia estratégica del frente único. Un plan para la unidad de acción, donde cada organización mostraría “de qué madera está hecha”, pero donde también se reconocería la capacidad de la clase trabajadora para transformar el mundo.


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Jorge Remacha

Nació en Zaragoza en 1996. Graduado en Historia en la Universidad de Zaragoza. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español y en la agrupación juvenil Contracorriente.