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Red Internacional

Superexplotación laboral. Trabajadoras domésticas de Kenia protestan para huir de los abusos en Líbano

Un grupo de 20 trabajadoras domésticas keniatas están acampando frente al consulado de Kenia en Beirut protestando por su repatriación luego de sufrir despidos y abusos bajo el sistema kafala. Su lucha expone una grave situación de explotación.

Santiago Montag@SalvadorSoler10

Domingo 23 de enero | Edición del día
Fuente: The New Arab.

Desde hace más de dos semanas decenas mujeres migrantes protestan en sus consulados y todavía tienen la energía para entonar canciones de protesta. Cantan "¡hogar, queremos hogar!" y otras veces lo hacen para animarse entre ellas a mantenerse firmes frente a las miradas frías y cautelosas de los oficiales de policía asignados para controlarlas.

El grupo de unas veinte mujeres kenianas transformó el frente del consulado de Kenia en Beirut en un campamento improvisado. A la vista hay montones de ropa, utensilios de cocina y mujeres durmiendo sobre colchones desnudos en las calles en un marcado contraste con el moderno barrio de Badaro, que se está gentrificando rápidamente.

Las mujeres, que llegaron al Líbano para trabajar bajo el sistema legal kafala (que significa apadrinamiento), conocida como la esclavitud moderna, suelen trabajar como trabajadoras domésticas. La situación económica en Líbano ha generado que los salarios sean cada vez más bajos o que se atrasen, e incluso muchas fueron expulsadas de sus trabajos. Por eso apostaron a protestar frente al consulado durante dos semanas, exigiendo que se les permita volver a casa. Alegan que han sido maltratados en todas las etapas de su estadía en el Líbano, con patrones abusivos, agentes de empleo engañosos y un consulado depredador que hace imposible vivir una vida digna, y ahora tienen la esperanza de volver a Kenia.

Se ha vuelto parte del paisaje que cada vez más durante la crisis económica del Líbano los variados grupos de trabajadoras domésticas de Etiopía, Filipinas y Sudán también realizaran sentadas en sus embajadas tras ser abandonadas por los patrones.

Según Amnistía Internacional, se calcula que hay 250.000 personas migrantes que trabajan en el servicio doméstico para servir a 4,5 millones de personas en Líbano, mientras que la OIT dice que hay 11,5 millones de trabajadoras domésticas migrantes en el mundo, de las cuales alrededor del 30% trabaja en Medio Oriente (3,16 millones). Un enorme porcentaje son mujeres que provienen de países africanos y del sur y el sudeste asiáticos, especialmente de Etiopía, Filipinas, Bangladesh y Sri Lanka en busca de una vida mejor. Sin embargo, no logran gozar de las medidas de protección social de la legislación laboral libanesa. Su situación en el país está regulada por el sistema de kafala, un restrictivo régimen migratorio de leyes, reglamentos y prácticas que vinculan la residencia legal de la trabajadora o trabajador migrantes a su agencia empleadora.

O sea, el sistema de kafala confiere a las agencias de empleo un fuerte control de la vida de las trabajadoras y trabajadores migrantes. Como resultado de esto cometen diversos abusos, como retención de documentación, impago del salarios, confinamiento forzoso, exceso de horas de trabajo sin descansos ni días libres, insultos y agresiones físicas y sexuales. Para cada movimiento en el país deben pedir permisos a los empleadores, si las personas dejan sus empleos sin “permiso” se arriesgan a perder la residencia legal y a ser detenidas y deportadas.

En Líbano hay 560 agencias contratistas de trabajadoras migrantes domésticas, de las cuales 300 forman parte de Soral, el sindicato de que dirige el libanés Alí el Amín, quien estima que es un negocio de "cientos de millones de dólares anuales". Este sindicato envía al Gobierno libanés una lista negra de 20 a 30 agencias que "explotan a las empleadas" y que cobran una suma de entre 1.750 y 2.600 dólares a cada empleador por trabajadora.

El grupo unas 20 mujeres pelea con la esperanza de que juntas pudieran presionar al consulado para que las ayudara a regresar a casa. Todas tenían historias similares de abuso, y todas querían desesperadamente irse del Líbano según comenta The New Arab. Pero su salida del país está bloqueada por un sistema legal manipulado en su contra. A algunas les quitaron el pasaporte, sin tener idea de su paradero. Otras esperaban un laissez-passer (un documento de viaje) del consulado de Kenia, pero no tenían idea de cuándo lo recibirían.

Los testimonios son desgarradores. Después de llegar a su último trabajo, una mujer encontró las condiciones intolerables, por lo que fue a su agencia de empleo y pidió volver a su país. Enfurecido, el agente le dijo que primero tendría que pagarle $2,000 dólares, que según él era el costo de traerla al Líbano. Luego la echó de su oficina sin sus documentos para busque la forma regresar a Kenia.

En el Líbano, las agencias de contratación tienen que pagar el viaje de regreso de los trabajadoras domésticas si deciden volver dentro de los primeros seis meses de su estadía en Líbano. A pesar de que esa mujer estuvo solo cuatro meses, la agencia se negó a repatriarla y además la abandonó indocumentada luego de todo el maltrato acumulado en el trabajo.

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Otra mujer, denunció que en la última casa en la que trabajó, sufrió acoso sexual. El padre de familia le dijo que le pagaría dinero extra si ella se acostaba con él, y trató de presionarla para que tomara pastillas que, según él, “prevendrían el embarazo”. La mujer se puso en contacto con la agencia de trabajo para pedir ayuda. El agente llegó al domicilio y la acusó de no querer trabajar. Después de sacarla de la casa, la obligó a salir del auto a la calle.

Estos ejemplo abundan.

La explosión en el puerto de Bierut que mató al menos a 214 personas, hirió a 6.500 y arrasó con la mitad de la ciudad, profundizó la situación económica del país contra la que millones vienen protestando desde 2019. Entre ellos aproximadamente 24.500 miembros de la comunidad migrante de la ciudad se vieron directamente afectados por la explosión, y muchos quedaron sin hogar.

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La grave crisis humanitaria que desencadenó la explosión hizo que la difícil situación de las trabajadoras migrantes se olvide rápidamente. Desde entonces, las cosas solo han empeorado para ellas. La dura crisis económica ha significado que muchas familias hayan dejado de pagar a las trabajadoras domésticas o las hayan abandonado. También han denunciado que el racismo contra las trabajadoras migrantes ha aumentado a medida que la economía ha empeorado.

La kafala genera condiciones de hiperexplotación a la clase obrera migrante, este mismo es utilizado en la mayoría de los países del Golfo Pérsico. El caso más emblemático es el de la construcción de estadios en Qatar para la próxima Copa Mundial de fútbol.

Este sistema es doble o triplemente opresor para las trabajadoras migrantes del ambiente doméstico, tanto por género, etnia, clase y nacionalidad. De esta manera el sistema kafala crea múltiples ataduras en la relación de trabajo, desde la elección (o no) de vivir con el empleador, hasta la libertad de movimiento, el cambio de empleo, hasta condiciones de vida dignas que cumplan con los estándares mínimos de salud. La mayoría vive en la misma casa que sus empleadores. Al no existir una separación entre el lugar de trabajo y el hogar los abusos son extremos, desde horarios de trabajo extendidos hasta el abuso sexual debido a la influencia física que los empleadores ejercen sobre ellas.

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Las trabajadoras migrantes que acampan en el consulado están revelando nuevamente la grave situación de explotación que sufren y sobre la que descansa una gran verdad que se aplica en todo el mundo: los capitalistas obtienen enormes ganancias de los trabajadores y sus divisiones nacionales, étnicas y de género.

Se han desarrollado diversas campañas para poner fin al sistema de kafala durante años por redes de migrantes como Egna Legna Besidet, una organización activista feminista basada en la comunidad en el Líbano y Etiopía, que defienden a las mujeres afectadas por estas regulaciones explotadoras.

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Muchas de estas organizaciones son dirigidas por trabajadores migrantes para trabajadores migrantes. Algunas se organizan por etnias y sus representantes acuden al sindicato libanés Fenasol. Otras, participan en iniciativas transcomunitarias como la red Alliance. Estas redes han ayudado a 5272 mujeres, a través de la provisión de ayuda financiera, talleres de derechos humanos, acceso a abortos seguros entre otras.

Las huelgas y protestas de trabajadores migrantes en la región, donde hay alrededor de 35 millones hiperexplotados, podrían convertirse en un factor importante para desafiar los regímenes reaccionarios establecidos en estos países durante décadas con el apoyo de las potencias imperialistas. Las diversas protestas de estos trabajadores, aunque sean pequeñas y puntuales por el momento, podrían alentar a importantes sectores de las poblaciones nacionales que también sufren el peso de la crisis económica y la austeridad como se ve en Líbano. La unidad y la solidaridad con los trabajadores migrantes son fundamentales en esta pelea.

Con información de Al Jazeera y the New Arab.




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