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La Izquierda Diario
27 de octubre de 2021 Faceboock

CÉSAR VALLEJO
"Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir"
Pity Ezra

“El nuevo arte no sólo desnudará la vida, sino que le arrancará la piel”
León Trotsky

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Foto: El Comercio

La vida creativa de César Vallejo está signada por la relación entre la política estética y la política revolucionaria. Nacido en Santiago de Chuco en marzo de 1892, Vallejo desarrolló una obra literaria profundamente comprometida con el obrero y el campesino explotados, con la mujer y el niño marginados, con la lucha del pueblo español en la guerra civil, con los logros de la revolución rusa, con el marxismo… y con una tarea militante y revolucionaria:

«Se quisiera tocar todas las puertas,
y preguntar por no sé quién; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
Y saquear a los ricos sus viñedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz!
Pestaña matinal, no os levantéis!
El pan nuestro de cada día dánoslo,
Señor. . .
Todos mis huesos son ajenos;
yo tal vez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón. . . A dónde iré!
Y en esta hora fría, en que la tierra
trasciende a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas,
y suplicar a no sé quién, perdón,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón . . . ¡
»

"Triste" y "Dulce": Trilce

En 1918 Vallejo publica su primer poemario: Los heraldos negros, a través del cual va a solidarizarse con el sufrimiento del otro

«Y el hombre Pobre pobre! Vuelve los ojos, como/ cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;/ vuelve los ojos locos, y todo lo vivido/ se empoza, como charco de culpa, en la mirada./Hay golpes en la vida, tan fuertes/
Yo no sé!
»

va a describir la cotidianidad de su pueblo y de su vida familiar

«Ya no llores, Verano! En aquel surco, muere una rosa que renace mucho (...) Qué será de su falda de franela; de sus afanes; de su andar;/ de su sabor a cañas de mayo del lugar (…) Hay soledad en el hogar sin bulla,/ sin noticias, sin verde, sin niñez,/ Y si hay algo quebrado en esta tarde,/ y que baja y que cruje,/ son dos viejos caminos blancos, curvos./ Por ellos va mi corazón a pie

y va a expresar el dolor propio y ajeno

Ya nos hemos sentado/ mucho a la mesa, con la amargura de un niño/ que a media noche, llora de hambre, desvelado.../ Y cuándo nos veremos con los demás, al borde/ de una mañana eterna, desayunados todos!/ Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde/ yo nunca dije que me trajeran./ De codos/ todo bañado en llanto, repito cabizbajo/ y vencido: hasta cuándo la cena durará.

En 1922 publica su radical libro de poemas Trilce, con el que rompe bruscamente con la sintaxis y con las formas tradicionales de hacer poesía; crea incluso palabras nuevas, como la del título del poemario.

«Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados, y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.»

Reflexiones al pie del Kremlin

En 1923, viaja a París, ciudad en la que morirá en 1938. Durante su estancia en Paris se empapará del marxismo y asumirá un fuerte compromiso y militancia intelectual, literaria y política. En 1926 junto a su amigo Juan Larrea funda la revista Favorables París Poema, de la cual solamente se publicarán dos ediciones.

Entre 1928 y 1931 visita Moscú, y de esa experiencia escribe el libro Rusia en 1931: Reflexiones al pie del Kremlin, en el cual, sobre una serie de reportajes, reflexiona en torno a la ciudad, la industria, el salario, el trabajo, los placeres, la literatura, el matrimonio, la familia y toda la cotidianidad de la Rusia de ese entonces. En uno de los pasajes del libro recupera el testimonio presente sobre el amor libre y el matrimonio de una mujer obrera:

«En principio, el matrimonio es antisocialista, antirrevolucionario. El matrimonio, como la poligamia —aunque esto parezca una contradicción—, es una forma genuina de la sociedad organizada en clases. El matrimonio es una de las instituciones más reaccionarias y más salvajes de la historia. El Soviet lo conserva solamente por el momento, con el fin de controlar en parte ciertas confusiones familiares, como aquella de la paternidad, contexturales a la moribunda psicología burguesa. Entretanto, la unión libre está haciendo ya camino hacia su consolidación definitiva y orgánica, como base única de la futura familia socialista. De este modo, mientras el matrimonio pierde día a día su prestancia en Rusia, la unión libre gana rápidamente terreno, sobre todo en las nuevas generaciones. El puente entre ambas instituciones lo constituye el divorcio, que descansa, entre nosotros, sobre principios y leyes enteramente nuevos en la historia.»

Si bien la revolución de 1917 había destruido la familia como institución social y jurídica opresora de la mujer y mediante la cual se controla la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres, también había dado grandes pasos con el pleno derecho al aborto, el acceso a una amplia gama de oficios y profesiones y un alto grado de igualdad económica. Igualmente, para garantizar el bienestar de la mujer y de la familia, se estableció un sistema acabado de servicios sociales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavanderías, hospitales, sanatorios, organizaciones deportivas y recreativas, entre otros beneficios.

Sin embargo, cuando el régimen ya se encontraba bajo el férreo control burocrático del stalinismo se revirtieron todas las conquistas alcanzadas por las mujeres en los primeros años de la revolución. Como señala Trotsky en La Revolución Traicionada: “Los “Amigos” líricos y académicos de la URSS tienen ojos para no ver. La legislación del matrimonio instituida por la Revolución de Octubre, que en su tiempo fue objeto de legítimo orgullo para ella, se ha transformado y desfigurado por amplios empréstitos tomados del tesoro legislativo de los países burgueses. Y, como si se tratara de unir la burla a la traición, los mismos argumentos que antes sirvieron para defender la libertad incondicional del divorcio y del aborto —”la emancipación de la mujer”, “la defensa de los derechos de la personalidad”, “la protección de la maternidad”—, se repiten actualmente para limitar o prohibir uno y otro. El retroceso reviste formas de una hipocresía desalentadora, y ya mucho más lejos de lo que exige la dura necesidad económica. A las razones objetivas de regreso a las normas burguesas, tales como el pago de pensiones alimenticias al hijo, se agrega el interés social de los medios dirigentes en enraizar el derecho burgués. El motivo más imperioso del culto actual de la familia es, sin duda alguna, la necesidad que tiene la burocracia de una jerarquía estable de las relaciones sociales, y de una juventud disciplinada por cuarenta millones de hogares que sirven de apoyo a la autoridad y el poder.”

El arte y la revolución: encuentros y desencuentros con Trotsky

En Las lecciones del marxismo, publicado en Variedades Nº 1090, Lima, 19-1-1929, Vallejo asume una posición crítica contra “Los marxistas rigurosos, los marxistas fanáticos, los marxistas gramaticales, que persiguen la realización del marxismo al pie de la letra” como el caso de “Plejanov, Bujarin y otros exégetas fanáticos de Marx, descendientes de burgueses o de aristócratas, convertidos”. Si bien en otros textos discrepará con Trotsky sobre temas de literatura, en lo que se refiere a la revolución y el socialismo se identificará con el revolucionario ruso:

«Otras tantas lecciones de libertad ha dado Trotsky. Su propia oposición a Stalin es una prueba de que Trotsky no sigue la corriente cuando ella discrepa de su espíritu. En medio de la incolora comunión espiritual que conserva el mundo comunista ante los métodos soviéticos, la insurrección trotskista constituye un movimiento de gran significación histórica. Constituye el nacimiento de un nuevo espíritu revolucionario dentro de un Estado revolucionario. Constituye el nacimiento de una nueva izquierda dentro de otra izquierda que, por natural evolución política, resulta, a la postre, derecha. El trotskismo, desde este punto de vista, es lo más rojo de la bandera roja de la revolución y, consecuentemente, lo más puro y ortodoxo de la nueva fe.»

En El arte y la revolución, recopilación de artículos sobre arte publicados en revistas y periódicos entre 1926 y 1931, Vallejo, con algunas imprecisiones y contradicciones, realiza una serie de reflexiones y debates sobre el papel del arte con el afán de formular una estética marxista. Tocado por el “realismo socialista”, el arte de la burocracia, Vallejo empieza a mostrar cierto contraste entre su praxis poética y su teorización estética [1]:

«El arte socialista no es, entonces, una realidad que vendrá, como parecen pensar algunos críticos marxistas, sino que es ya, como acabamos de decirlo, una realidad existente, según los ejemplos que he citado, aunque andamos aún lejos de la sociedad socialista, no podrá negarse que existen diversos aspectos de la vida social, cuya forma, estructura e irradiación colectivas son manifiestamente socialistas (…) De lo que, tocante a arte socialista y arte bolchevique, llevo dicho hasta aquí, pueden deducirse dos criterios en esta cuestión. En primer lugar, tomado el arte soviético como medio de realizar el socialismo y como una fuerza dialéctica de creación de aquella sociedad, ese arte puede considerarse o, mejor dicho, caracterizarse como socialista. En segundo lugar, tomado el arte soviético como reflejo y expresión de la sociedad de que procede, también puede caracterizarse como socialista, puesto que él encierra, repetimos, muchas y fundamentales formas, socializadas ya, de la vida colectiva.»

Contrariamente a lo que postula Vallejo, Trotsky explica que para transformar la sociedad es necesario que la clase obrera primero domine todo el conocimiento, el arte, la ciencia y las tareas administrativas de la vieja sociedad, para asimilarla minuciosamente y después superarla y sobrepasarla; y para separar aguas del stalinismo, será, junto con Breton, en el Manifiesto por un arte revolucionario independiente que defina el rol del arte: “He aquí lo que queremos: La independencia del arte – por la revolución; La revolución – por la liberación definitiva del arte.”

España, aparta de mí este cáliz

En diciembre de 1930, Vallejo es expulsado de Francia por actividades “subversivas”. Dos años después se afiliará al Partido Comunista Español. Ese mismo año, 1932, regresará a París, ciudad en la que vivirá en la clandestinidad. Tras estallar la guerra civil española, se unirá a la causa republicana reuniendo fondos y colaborando en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española y del boletín Nueva España. A fines de 1937 escribe España, aparta de mí este cáliz, que aparece en 1939 impreso por soldados del ejército republicano.

«¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…
»

En la última etapa de su vida escribió una serie de poemas que aparecerían póstumamente agrupados en dos poemarios: Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, publicados en 1939 por su esposa Georgette. Vallejo murió el 15 de abril de 1938 como consecuencia de la reactivación de la enfermedad de paludismo que sufrió de niño. Murió un viernes santo con llovizna en París, no un jueves como en Piedra negra sobre una piedra blanca:

«Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
»

Nota:

[1] Vallejo adhirió sus ideas a la AARR (Asociación de Artistas Revolucionarios de Rusia), expresión teórica artística del "socialismo en un solo país", impulsada por la burocracia para "establecer el orden", es decir, para ejercer el control sobre los artistas y escritores.

 
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